jueves, noviembre 11, 2010

Puertas y ventanas y gatos y ladrillos

Te conocí en una ciudad fantasma, al sur de un país sin nombre. Te conocí entre las escamas de unos ladrillos amarillos. Te conocí mientras fotografiabas un pasillo como iluminado por candiles. Te conocí también porque coleccionas puertas y ventanas y llaves que no sirven para abrir ninguna puerta y ninguna ventana.

Te conocí cuando asfixiaste a un gato con una bolsa de plástico. Te conocí tiritando, desprendiendo nubes por la boca. Te conocí en un taxi circulando en una carretera tan oscura como las suelas de tus zapatos, pero tan clara como el color de tu cabello. Te conocí cuando la luna nos sonreía.

Te conocí en una conferencia abarrotada de hipsters. Te conocí porque hiciste anotaciones en mi libreta. Garabatos que, lejos de recuerdos estúpidos, eran el hilo que nos mantenía atados a este lugar. Te conocí mientras hacían una lista de daños causada por la moralidad distorsionada de la ocupación. Una lista que ocupa tanto espacio como la que sigue:

Una mujer que me bese en alemán y me termine en español. Una mujer que me haga sentir un acuario en el estómago cuando estoy cerca. Una mujer que me haga pronunciar su nombre en un país extranjero. Una mujer que me enseñe las luces del horizonte como luciérnagas desenfocadas. Que por estrellas entienda constelaciones. Que por constelaciones entienda mis manos.

Una mujer que me enseñe a no necesitarla. Una mujer que desaparezca como las marcas de los cigarros cuando se apagan. Una mujer esponja. Erizo de mar. Una mujer sacacorchos. Galletas de medio oriente. Una mujer ipod en random. Pianola destartalada.

Una mujer arco de violín. Bote de Ritalin. Una mujer boca de cenicero. Cortinero vacío. Una mujer luz estereo. Despertador portátil. Una mujer señalamiento vial. Etiqueta de emergencia. Una mujer elevador. Helipuerto vacío. Una mujer aeroplano. Tinta china sobre celofán.

Una mujer que cuando esté conmigo piense en otro. En dos mil trescientos cuarenta y dos cabellos. En una botella de salsa Tabasco. En un par de pantuflas debajo de mi cama. En un pijama de rayas. En el broquel de un reloj. En un panfleto de izquierda. O de derecha.

Una mujer que entre a mi cabeza como un río que fluye lento. Que brinque de piedra en piedra y de vez en cuando saque poemas a pasear. Un río empedrado que entre a mi cabeza como una mujer que fluye lento. Una burbuja que explote en un estanque con patos.

Una mujer que me mire como quien espera un semáforo: impaciente. Una mujer teléfono de emergencias. Barandal del metro. Una mujer aullido en un callejón oscuuuro. Una mujer que me haga perseguir a un zorrillo en un clóset vacío. Una mujer que le pellizque los párpados a las palabras laaaaaargas. Una mujer que juegue golf con los cocodrilos.

(No) te conocí en una ciudad fantasma. (No) te conocí por tu nariz afilada. Por las cuestas y tus curvas que dibujaban un laberinto que me atraía. Te conocí para dejar de conjugar el amor en tiempos diferentes: que si fue, que si será, que no es… (No) te conocí para no tener que traducirte.

Noviembre de 2010





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4 comentarios:

Anónimo dijo...

Ya era tiempo de una publicación. Muy bien, seguimos divagando en las mujeres eh? Creo que se ha convertido en tu sello. No obstante,la redacción la sentí repetitiva con otros escritos tuyos. No sé, es una impresión. Ja. Pero la última fotografía de la serie que pones, es buenísima. Cuídese don Alejandro y ya sabe, siga escribiendo.

Paola.

Anónimo dijo...

:O


Jajajaaj la versión cursi (!)






bpsk

Arantxa Mendoza dijo...

ooohhh antibalin!!!!
yo tu fiel seguidora jaja
pk no me habías contado de ese viaje?
excelentes tomas!!!

Anónimo dijo...

Felicitaciones por todo Alejandro, no cabe duda que mientras más te leo... y observo tus fotografías... me enamoro de tú trabajo impecable. Sigue deleitándonos mas seguido en tú blog. Un beso